¿ERES SALVO?


La Biblia dice “Por lo cual, hermanos, tanto más procurad hacer firme vuestra vocación y elección; porque haciendo estas cosas, no caeréis jamás”. (2 Pedro 1.10 – RV60).


Repasemos la siguiente “lista” para asegurarnos de que eres salvo verdaderamente:


1. ¿Estás consciente de que Dios se hizo carne en la persona de Jesucristo (1 Timoteo 3.16), y que murió por los pecados del mundo?

2. ¿Has venido al Salvador porque has pecado?

3. ¿Te has arrepentido y has puesto tu fe en Jesús?

4. ¿Estás convencido de que Jesús sufrió y murió en la Cruz, y que se levantó de nuevo al tercer día?


La razón por la que necesitamos un sustituto (un salvador) para que pague nuestra “multa” moral, es porque hemos roto la Ley de Dios.

Para ver cuánto hemos infringido esta Ley (los Diez Mandamientos), repasaremos algunos de ellos. ¿Alguna vez has dicho una mentira? ¿Has robado algo? ¿Has deseado sexualmente a otra persona que no sea tu cónyuge? Si contestaste “Sí” a estas preguntas, has admitido que eres un mentiroso, ladrón y adúltero de corazón, y ¡tienes que estar frente a Dios en el Día de Juicio!


Si has utilizado Su nombre en vano, entonces eres culpable de “blasfemia” has sustituido el nombre santo de Dios por una palabra de maldición. Quizás has odiado alguien, entonces la Biblia dice que eres un asesino (Mateo 5:22). Has violado la Ley santa de Dios y estás en un GRAN problema. En el Día del Juicio, serás hallado culpable y acabarás en el Infierno. Esa es la razón por la que necesitas del Salvador. El simple hecho de sentirte dolido por tus pecados, o confesarlos a Dios no te ayudará. Debes darle la espalda a tu pecado (arrepentirse) y tu fe debe estar solamente puesta en Jesús. Jesús es el único pago que vale para que Dios te dé misericordia.


Si no estás seguro de tu salvación, haz esta oración:

Padre celestial, yo reconozco que soy un pecador y que mi pecado me separa de ti. Hoy, yo me arrepiento y creo que Jesús murió en la cruz por mi y que se levantó de la muerte al tercer día. Voluntariamente lo confieso como mi Señor y Salvador. Pido que entres a mi corazón y escribas mi nombre en el libro de la vida.  En el nombre de Jesús, Amén.